Galliano entusiasma en San Javier

La penúltima jornada del Jazz San Javier constituyó un magnífico programa doble que tuvo como eje el aroma seductor y pasional del tango. Por un lado, Richard Galliano –número uno de los acordeonistas de jazz– con su Tangaria Quartet; por otro, dos de las figuras más destacadas del jazz español: el mago de la armónica cromática, Antonio Serrano, y el contrabajista Javier Colina. El inagotable acordeonista francés Richard Galliano no deja de sorprendernos. Fue el primer músico en recibir el premio del festival de jazz; trajo los apasionados aires porteños, heredados de Piazzolla, y la musette de las orillas del Sena. Toda la intensidad dramática del tango concentrada en el fuelle y los botones de su piano de tirantes. Su acordeón voló sin lastres, diferenciando humores y colores, ofreciendo un recital cargado de emociones, pasando de la ensoñación a la bravura con el mejor swing.

Richard Galliano es un intérprete con mayúsculas, y su banda no se queda atrás. El quartet, formado por el violinista Nicolas Dautricourt –increíble su virtuosismo–, Jean Philip Viret –contrabajista a prueba de balas, potente y preciso, el único acompañante de su anterior formación– y Rafael Mejías a la percusión, que exhibió sus dotes malabares con un extraordinario solo de maracas. Un verdadero lujo.
Un recital mágico: los silencios se escuchaban con atención y las notas con deleite, y tuvo pasajes relajados y episodios de gran intensidad. Tangaria es esa mezcla de tango y musette tan linda, sensual, intrigante e impresionante que sólo Galliano logra: lleva a Piazzola en la piel.

Su música viajó desde el París bohemio al porteño Buenos Aires, con elegancia, virtuosismo y poesía. Tan fino como preciso, carente de exhibiciones circenses o concesiones a la galería, iba directo al grano, obteniendo un sonido limpio que destila pureza. Comenzó su recital con Tango pour Claude a ritmo frenético, y continuó con piezas como la tierna Chat pître, un tema que refleja muy bien la mentalidad musical de Galliano y su capacidad de generar fusiones con otros estilos sin perder su capacidad creativa; Fou Rire, un vals a todo vapor pero con una sutileza y elegancia únicas; la brasileña y emblemática Sertaõ, con destacado papel de Richard Galliano y su violinista, las percusiones ligeras y flotantes, la suavidad del contrabajo…

Mención aparte merecen el recuerdo a su compatriota Erik Satie y la composición Gnossienne No.3, interpretada con sutil serenidad, o las magníficas intervenciones a dúo que ensalzaron el impecable trabajo de los acompañantes, alternándose la agudeza del acordeón de Richard Galliano con la gravedad del contrabajo, el in crescendo y entrelazado del violín con el acordeón o el hipnótico duelo del acordeón y las maracas de Rafael Mejías, cual metáfora del encantamiento de una serpiente. Terminó con New York Tango, que sonó ligera y alegre, para volver en el bis con el standard Autum Leaves de Jacques Prevert.

Galliano enfocó su particular visión del tango y el jazz, y realizó todo un tour de force en Libertango del bandoneista inmortal, que interpretó en solitario, elegantemente, tocando con claridad y respirando ese aire de melancólico desarraigo, hechizando a la audiencia con su finura armónica. Magistral. El acordeón ha ganado definitivamente su lugar dentro del jazz.
Fuente:ÁNGEL H. SOPENA http://www.laopiniondemurcia.es

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~ por Mikel en agosto 1, 2010.

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