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Historia del Acordeón

Por Pierre Monichon

INTRODUCCION

 

Existen buenas razones para decir que los instrumentistas conocen mal sus intrumentos, que saben muy poco acerca de su historia y su proceso de fabricación. El acordeonista no escapa a esta norma. Mientras es un hecho conocido que en el siglo XX el Acordeón es uno de los instrumentos más populares y con más adeptos en el mundo, sus partidarios están lejos de imaginar lo rocambolesco y el apasionante interés de su historia.

El Acordeón nació en Viena, concretamente el 6 de mayo de 1.829 en el número 43 de la calle Mariahilfstrasse donde trabajaban Cyril Demian y sus hijos Carl y Guido, fabricantes de órganos y pianos.
Es un hijo del Romanticismo. Fue el juguete de las damas de los salones burgueses. Su poder expresivo hizo furor de repente. Enseguida , dotado de un segundo teclado para la mano izquierda, no tardará en llegar a la calle y penetrar profundamente en el medio rural.
Su popularidad, desde finales del siglo XIX ,fue inmensa. Su industria batió todos los récords. Se exportaron barcos enteros hacia América. Los fabricantes rivalizaron en ingenio.
En el París de 1.900, fue el rey del género “Musette”. Condujo el vals en el mundo entero, sedujo a los cantantes, su encanto inspiró a los poetas. Mientras tanto, el mismo dispositivo que le llevó al éxito (los acordes fijos de acompañamiento) ,pese a los perfeccionamientos más ingeniosos, le impidió durante mucho tiempo llegar a la gran música, hasta el relativamente reciente día en el que la posibilidad de renunciar a los acordes preparados o incluso a su supresión, permite abordar todos los géneros de escritura musical.

Es este extraordinario proceso realizado en un tiempo excepcionalmente corto (algo más de siglo y medio), el que les invitamos a recorrer en estas páginas, en las que descubrirán el acordeón como un fenómeno etnomusical y sociológico. El nomadismo cultural de nuestro instrumento, su desenvoltura cara a las barreras sociales que le ha llevado de pasar de los salones a la calle, de evolucionar de la danza a las salas de concierto, ha conllevado y conlleva el rechazo de algunos. Olvidan que los demás instrumentos también han conocido evoluciones parecidas.

La diferencia está en que esa evolución ha sido mucho más lenta en instrumentos como la flauta, piano, violín, etc…que en el Acordeón, creación de tiempos modernos. Y está mal el plantearse la pregunta de si un instrumento puede pretender interpretar “gran música” cuando ha conocido el favor popular.

En realidad, un género de música no depende del instrumento, sino del instrumentista, de su gusto, de su cultura, de su forma de concebir la música. En el ámbito del Acordeón, a falta de un modelo único, la manera de pensar la música está ligada a los instrumentos propuestos. Los fabricantes han ofertado modelos para tocar melodías, otros para hacer bailar, modelos mixtos e innumerable cantidad de prototipos han salido de las manos de los amateurs apasionados.

Los primeros acordeones se componían de un único teclado, en principio de 5 teclas para llegar hasta las 30 teclas entre 1.830 y 1.850. A mediados del siglo XIX apareció un segundo teclado, llamado de acompañamiento, de 2, luego de 4,6 8, 16 botones, que de un solo golpe pasará a 150, justo antes de 1.899. Después de 1.900, el primer teclado reanudará su evolución y pasará de una a dos y después a tres filas.
De la suma de dos teclados diferentes, uno para la melodía y otro para la armonía y el ritmo, nacerá el Acordeón tradicional.

Será a partir de sus logros, superando o intentando superar sus inconvenientes, cuando hoy los apasionados adeptos de su instrumento trabajarán para adaptar al Acordeón los últimos cambios que le den una plaza propia en la práctica musical. Si nuestro instrumento apareció con el romanticismo, estamos en el derecho de plantearnos sus orígenes y su genealogía. Cuando se penetra en la historia del instrumento preferido, siempre se trata de demostrar que representa el medio de expresión musical más antiguo. Sin caer en ese error, tras entrever el principio sonoro utilizado por el acordeón, es decir, la lengüeta libre, iremos en busca de los caminos que ha seguido el acordeón, no solo en Occidente, sino también en Asia, donde es muy conocido desde muy antiguo.

Después de ello, seguiremos paso a paso la carrera accidentada y fulgurante del acordeón propiamente dicho, partiendo del modesto juguete del vienés Cyril Demian para llegar a los instrumentos de concierto actuales.

El siglo XIX vio aparecer una fusión de modelos, prototipos, en búsqueda obstinada de una dirección fácil de entender: en dicha época, sobre el principio de la lengüeta libre metálica, se quería crear un instrumento portátil, con una afinación que no se desarreglase y que pudiera tocar uno o más sonidos simultáneamente.

Pero desde el instante en que se consiguió encerrar el sistema de la lengüeta libre en una caja aireada por un fuelle manual controlando la intensidad, un gran paso se había dado. El problema de la expresión, prioritario en la época, estaba resuelto. Sin embargo, el de la libertad armónica no lo estaba para las dos manos. La aparición del acordeón cromático, que sustituirá en gran medida al diatónico, no conllevará la solución de este obstáculo de orden musical, puesto que seguía encorsetando al ejecutante en el esquema de acordes inamovibles.

A la vez que se multiplicaban en Italia, Francia y toda Europa innumerables fábricas de acordeones tradicionales, algunos artesanos motivados perseveraron su búsqueda para hacer de esta modesta caja original un instrumento de música digno de tal nombre. Mientras que la mayoría de los instrumentos en uso hoy (electrónica aparte),
parecen haber alcanzado su techo de perfeccionamiento técnico, es evidente que la evolución del acordeón persiste hoy en la actualidad.

EVOLUCION ORGANOLOGICA A LO LARGO DE LA HISTORIA

Instrumentos de Lengüeta Anteriores al Acordeón

Merece la pena buscar las huellas de un instrumento aparentemente muy somero, la Guimbarda, que nos llevará a hipótesis inesperadas.
De Oriente, describiremos algunos tipos de instrumentos más complejos y perfeccionados, designados genéricamente con el nombre de Organos de Boca, y que han jugado un papel cultural importante: el Sompoton, el Khéne y el Cheng.
Seguidamente, retomando en Occidente la historia del órgano y de la Régale, intentaremos situar la aparición de la lengüeta metálica en Europa. La Guimbarda: es un pequeño objeto que consiste en una caña flexible fijada por uno de sus extremos sobre un soporte metálico en semicírculo, y generalmente acodada en ángulo recto en el otro extremo.
El que toca la guimbarda coge con una mano el extremo del marco donde la caña está fija y toma el instrumento entre sus labios. El aire dirigido hacia esa caña crea el sonido. Parece ser que la guimbarda apareció en Europa hacia el siglo XIV y podemos concluir que fue un instrumento clave, cualquiera que sea el prototipo primitivo de utilización musical de la lengüeta libre.

El Sompoton: el aire se introduce por un pequeño apéndice hueco, de varios centímetros de ancho, que forma parte de una fruta vaciada en forma de calabaza que sirve a la vez de reserva y de caja de resonancia. Las lengüetas libres, de caña, están fijadas a lo largo de los tubos de bambú, allí donde han sido metidas en la calabaza.
Todo está herméticamente cerrado por medio de resina, evitando la pérdida de aire. Con un dedo se cierra un agujero del tubo, por lo que el aire introducido hará presión sobre las lengüetas produciéndose el sonido (si el dedo se levanta, el sonido para).

El Khéne: Los sonidos se obtienen tapando los agujeros de los tubos, como en los instrumentos precedentes, y pueden ser emitidos fuerte o suave a voluntad. El poder expresivo de la lengüeta es doble aquí, en estos tipos de pequeños órganos a boca, al contar con un avance técnico que hubiera vuelto envidiosos a los fabricantes de acordeón si lo hubieran conocido; la lengüeta de este khéne funciona por compresión y aspiración, es decir, en los dos sentidos.

El Cheng: de un interés etnomusical considerable, el cheng es también uno de los primeros instrumentos de viento que utiliza el principio de la lengüeta libre. Símbolo de una vieja civilización, el cheng hace pensar rápidamente en el órgano, del cual es su más remoto ancestro. Formaba parte de las orquestas de cámara y de teatro chino en la antigüedad, así
como en los oficios religiosos, siendo muy apreciado por sus cualidades expresivas (monódicas y polifónicas).
Para unos, el Cheng nacería en China 2.700 años a.C. durante el reinado del emperador Hang-Si. El primer texto que lo menciona es del 1.100 a.C.

El Uso de la Lengüeta Libre en Occidente.

La cuestión, que está todavía lejos de estar resuelta, es saber a partir de cuando se introduce la lengüeta libre en Occidente (parece que las primera huellas aparecen en Holanda) y más aún, saber si la lengüeta libre se incluía ya en los órganos de la Edad Media. Serán los propios fabricantes de órganos los que desarrollarán su uso, en la búsqueda de una presión de aire variable que el órgano no podía dar. Es así que, a principios del siglo XIX, todos ellos están a la búsqueda de ese logro, como atestigua la lista interminable de instrumentos de efímera carrera que se crean en esa época.
Se puede resumir diciendo que el período que va de 1.780 a 1.800 marca los primeros resultados en la utilización del sistema de la lengüeta libre metálica.

Por citar algunos ejemplos: Aelodicon (Eschenbach,1800);Belloneon (Kauffmann,1804);Melodion (Dietz,1805); Elodicon (Eschenbach,1815); Aeoline (Schlimbach,1816);Eoline (Eschenbach,1820);Handäoline (Buschmann,1822),etc.

Todos ellos en búsqueda del instrumento ideal, que pudiera ser a la vez melódico, polifónico, portátil, de sonidos fijos, y que tuviera la ventaja en el ámbito expresivo de unir varios sonidos a la vez. Pero, la fabricación instrumental fue durante mucho tiempo un obstáculo para la realización de este deseo, hasta que en 1829, el Acordeón, dio la respuesta, a su manera, a estas exigencias expresivas.

Profundizando más de cerca en los movimientos del acordeón al principio de su existencia, nos damos cuenta que a los lugares a los que llegaba, siempre estaba precedido en algunos años, por un pequeño instrumento muy en boga por aquel entonces, la Armónica.
Esta jugó un papel importante en la vida del acordeón porque de una parte era una de las fases de sus diversas mutaciones y de otra, facilitó el camino comercial necesario a la salida de los primeros productos.
Podemos decir que el Acordeón sustituyó a la armónica en todos los lugares en los que esta tuvo acogida, lo cual fue una de las razones de su fulgurante éxito. La expresión tan buscada, obtenida con la ayuda del sistema de la lengüeta libre metálica, no se logrará más que con la utilización de un fuelle manual que permitirá el control de la presión de aire asegurando siempre su flujo. Había que seguir pensando.
En esa búsqueda hay que citar sobre todo, la Aeolina de Schlinbach de 1816 y la Handäoline de Buschmann de 1822. Una vez lanzada la idea del fuelle manual, el camino quedó abierto para el Acordeón.

El Acordeón

Es pues sin ningún tipo de duda, la asociación de una armónica a boca y un fuelle manual, la base de una nueva familia de instrumentos conocido como Acordeones. Como los precedentes, Cyril Demian en su taller del 43 de Mariahilfstrasse en Viena, buscaba poner a punto varios prototipos hasta que el día que uno de ellos le pareció presto a ser comercializado. El hizo registrar su creación mediante una patente, portadora del número 1757 y datada y firmada el 6 de mayo de 1.829, a la que llamó Accordion, que constaba de una pequeña caja de 22x9x6 cm. Bajo la cual estaban fijadas las lengüetas metálicas, iba provisto de un fuelle de tres pliegues y cinco botones, dando cada uno dos acordes, uno al abrir y otro al cerrar el fuelle.

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El nombre Acordeón no se asentó hasta 1835 en que la mayoría de los fabricantes lo adoptaron para evitar confusiones, para designar un instrumento que ejecutaba acordes preparados. Se sabía que los acordeones salidos de Viena, caerían en París en manos de apasionados aficionados. Estos, impresionados por el aspecto general del acordeón, apreciarían también la precisión con que estaban montadas las láminas, la minuciosidad del trabajo del fuelle, de la utilización de la piel, del nácar,etc. Todo contribuía a hacer del instrumento una pequeña obra de arte de lutería. Todo menos una cosa que tendrá una gran importancia en la historia misma del acordeón: la posibilidad de oír un acorde con un solo botón. Escépticos ante este punto, los fabricantes parisinos modificarán el instrumento, cambiando progresivamente en cada casilla, la placa que daba cinco sonidos por una que haga oír una sola nota( con un sonido al abrir y otro al cerrar el fuelle).

Uno de los primeros modelos no es descrito por Pichenot Jeune, autor d un Método de Acordeón editado en 1.831 en el que se puede leer:

”…el teclado del acordeón está formado por ocho botones que dan dieciséis notas, ocho abriendo y ocho cerrando el fuelle…”.

Esta nueva concepción del teclado cambiará la inicial vocación del acordeón convirtiéndolo en un instrumento eminentemente melódico. Pero la aparición del acordeón a dos octavas es un hecho más disputado como demuestra la polémica Reisner-Pichenot en las páginas de “Le Menestrel” de junio de 1.834(que veremos al estudiar la literatura para acordeón).

De A.Reisner, originarios de Breslau(Silesia), podemos decir que fue otro adepto apasionado del sistema de la lengüeta libre. Lo primeros trabajos de este profesor-fabricante se manifiestan en la publicación de dos métodos acordeonísticos. En el segundo, editado en París en 1.835 en casa del autor(Galerie Colbert nº5), podemos leer.

”…después del éxito obtenido por el primer método que hice para acordeón a dos octavas sin semitonos, y las reiteradas solicitudes de gran número de fabricantes y aficionados a este instrumento, me he decidido a hacer un segundo método para acordeón a dos y tres octavas con semitonos…con el objetivo de adoptar una uniformidad en la fabricación de estos instrumentos…”.

Todo ello confirma la existencia del acordeón a dos octavas, sin semitonos(dos escalas diatónicas), alrededor de 1.832, y nos permite medir los progresos del teclado de la mano derecha que pasa, en tres años, de 8 a doce teclas grandes y doce pequeñas que hacen los semitonos. En resumen, tres octavas con semitonos o más teóricamente, tres escalas cromáticas, estando pues ante dos modelos; el acordeón cromático y el diatónico. Para ayudar a la publicidad de su producción, A. Reisner enseñó a su hija, Louise Reisner, la técnica acordeonística y realizado múltiples conciertos en París (el primero del que se tiene noticia es del 10 de abril de 1.836 en el Ayuntamiento de París, tocando una obra compuesta por ella, expresamente para este concierto, titulada “Théme Variée Trés Brillant”, del que hablaremos también más adelante). La fama del instrumento se divulgó de boca en boca y en pocos años conquistó París ( en 1.848 hay una cita de Balzac en su obra “L´Heuvers de l´histoire contemporaine”).

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Este éxito, además de las modificaciones realizadas por los fabricantes franceses, motivaron al creador del acordeón a investigar con otros modelos más avanzados. Así, Demian orientó sus investigaciones hacia un teclado melódico que pudiera ser acompañado por acordes independientes(encontramos los primeros esquemas en el Método de Adolf Müller, editado por la casa Diabelli en Viena, en 1.834).
Acompañar agradablemente llevando el compás, incluso sin conocer os principios elementales de música, estaba al alcance de muchos.
Ante la incesante demanda, los fabricantes ofertaban instrumentos a 8,12,16 bajos y acordes mayores y menores, estos últimos presentados de mil posiciones diversas. Bien o mal, se buscaba reducir el desequilibrio con los teclados melódicos.

Pronto comenzaron a multiplicarse nuevos lugares en los que se fabricaban acordeones, cuya fama, en algunos casos, aun perdura: Viena, Klingenthal, Castelfidardo, Praga, Stradella, París,…

Los artesanos se convirtieron en obreros, los pequeños talleres en tiendas, luego en fábricas; la fabricación del acordeón tomó una importancia inimaginable. Se puede suponer que fue en ese momento cuando un ingeniero artesano(italiano?) en el fondo de un oscuro taller, desmontó por enésima vez el teclado de acompañamiento de un acordeón.

¿Cómo multiplicar los acordes sin hacer pesado el instrumento? Una larga reflexión le comunicó que había que encontrar el modo de suprimir todas las lengüetas que daban el mismo sonido menos una. Evidentemente era una solución, pero ¿Cómo concretarla?. Hubo de inspirarse en el órgano, en el cual y mediante un sistema de varillas, una tecla podía dirigir una válvula alejada de ella mediante un sistema de transmisión. Se trata pues de variar la selección de válvulas de manera que se utilice un único sonido para varios acordes diferentes.
Ahora se podría reducir el número de lengüetas, pero, además se quería suprimir la producción de un sonido al abrir el fuelle y otro al cerrarlo. Para ello, puso en cada caja una placa que contuviera las lengüetas teniendo una lámina idéntica de cada lado, que permitiera oír el mismo sonido bien abriendo o bien cerrando el fuelle(es el Sistema Unísono).

Hacia 1.885 ya fue presentada por un nuevo creador(pudiera ser Beraldi), la disposición por quintas ascendentes en los bajos fundamentales. Una vez puesta a punto esta mecánica del instrumento, los fabricantes italianos(Gibelli,Peguri,Gagliardi,…) rivalizarán por explotarla. Ya desde entonces, dos tendencias musicales comienzan a destacarse; una que quiere mantener el acordeón en el campo de la danza y el canto, como instrumento ideal de la música folklórica. La otra que, teniendo en cuenta las posibilidades ofrecidas por los últimos modelos aparecidos a fines del XIX, busca hacer del acordeón un instrumento de música capaz de abordar el repertorio de concierto, comenzando a tocar transcripciones de piezas célebres.

Se ha descubierto el ACORDEON.

La lucha no será fácil, y dura aún. Mientras tanto, a principios del siglo XX, el acordeón estaba por todas partes: se conocen cerca de 30 fabricantes, 45 métodos de acordeón, se exportan cerca de 8.000 instrumentos solo en Francia. Pero pronto la demanda interior aumentará de tal forma que la producción francesa no bastará para alimentar su mercado. Francia perderá el control de la fabricación en beneficio de los productos alemanes y, sobre todo, de los italianos: Paolo Soprani, Bortoli, Gagliardi, Scandalli, etc..

Más que nunca se busca perfeccionar el acordeón, o para ser más exacto, ampliarlo y amplificarlo. El teclado derecho aparece con 4,5 6 filas y el de acompañamiento con 48,60,80,100 y 120-140 bajos; aparecen teclados dispuestos según el ciclo de quintas o siguiendo la disposición de las teclas del piano,…Pensando en sintetizar las necesidades de la música culta y las de la música popular, se terminó por obtener monstruos incómodos y resultados lejos de lo deseado. Dentro de toda esta euforia, una nueva manera de pensar parece surgir entre 1.910 y 1.920.
Los nuevos adeptos del acordeón, conscientes de los últimos perfeccionamientos técnicos y, posiblemente, de una cultura musical más amplia, plantan cara al mundo musical buscando imponer su instrumento no tanto a sus adeptos sino a sus detractores.
Luchan contra aquellos que critican el instrumento y, además, como el acordeón permite a un gran número de aficionados atraídos por su poder expresivo, practicar un instrumento de música , deben luchar contra el desprecio que algunos comienzan a tenerle en razón de su popularidad. Estos entusiastas defensores son los motores del cambio de un instrumento musical.

Después de la 1ªGuerra Mundial, con el jolgorio que trae la firma del armisticio, el baile y la danza retomarán su papel, y el acordeón (olvidando por un tiempo sus pretensiones clásicas), llegará a ser el rey del vals y la música ligera. Esta actividad traerá consigo nuevos perfeccionamientos; se añaden registros, se colocan las lengüetas sobre soportes de bronce fijadas sobre piel o con cera, se mima la afinación,…En este ambiente, el comercio no para de crecer (hacia 1.920 se cuentan 232 fabricantes en Europa) y al amparo de ello, se intentará solucionar un gran problema: la estandarización de los modelos regionales en uso, en espera de una definitiva unificación internacional. La tarea no es nada fácil, pero, con el tiempo una selección se hará y se impondrá un modelo que llamaremos “tradicional” que tendrá de 60 a 120 bajos en la mano izquierda y entre 45 y 70 botones para la derecha. Hemos citado ya la facilidad del instrumento para adaptarse a todos los géneros musicales.

Esta facilidad sorprende aun a los músicos que si bien reprochan al acordeón su sonoridad y la utilización de dos teclados diferentes, reconocen su agilidad melódica, su interés armónico y su poder expresivo. Olvidando todas estas reservas, entre 1.925-45, será la época que marca el inicio de las transcripciones de obras clásicas. En este momento, el acordeón se encontrará delante de una situación incómoda; entusiasmo de un lado, rechazo con desprecio a su entrada en el santuario de la música clásica por otro. El dilema aun hoy continua.

Los fabricantes, para satisfacer a su clientela, buscan un compromiso. Aceptan encargos privados y la novedad consiste en los modelos llamados a Bajos Cromáticos o Bajos Libres, también llamados Bassettis o Free Bass. Los años siguientes ven nacer numerosos prototipos, culminando en 1.947, cuando nace el “Convertor” de la casa Cavagnolo, que combina bajos tradicionales y bassettis.

Hacia 1.950, el acordeón alcanzará el cenit de su producción con la llegada de la fabricación industrial, que favorece la estandarización de los modelos, mejoras ergonómicas y una mayor precisión mecánica, que llegará al acordeón actual que todos conocemos.

~ por Mikel en marzo 9, 2008.

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